miércoles, 19 de febrero de 2014

- Señorita -ya se que era un decir-. Señorita, por favor...

Tenía que presentarle mis respetos. Era preciso que, en cuanto acabaran los vaivenes, la abordara y le dijera lo bien que había vencido a las fuerzas de la física, el edificante espectáculo de contemplar su rotundidad encajada con gracia en aquellos asientos seis tallas menores; la encomiable valentía que demostró al ceder a los ruegos de sus nietos por subir a aquel infierno. Finalmente, auxiliada por un par de operarios, paseó su trastabillante figura frente a mis ojos y esto me animó a seguirla.

- Señorita -ya se que era un decir-. Señorita, por favor...
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Estaba a punto de acercarme a ella y contemplar sus hermosos ojos de color indefinido (no tanto por lo inusual de su pigmentación, sino más bien por la imposibilidad que tenía de mantenerlos quietos en sus orbitas. Aún duraba el efecto de los giros) cuando sentí el recio tirón de manos masculinas en mi manga. Se trataba de uno de los cobradores, que con infinita sabiduría me espetó:

- Maestro, no debe pisar por ahí...

Y que razón tenía el hombre. Sus palabras parecieron salidas de lo más hondo de mi conciencia. Me advertían del peligro de la hembra. Del riesgo de volver a caer en el embeleso del que tanto me ha costado salir otras veces. De la dulce pereza en la que tiendo a sumirme cuando Cupido clava sus saetas en mi pecho. "Las mujeres son malas", me repetía mi madre olvidándose de su propia condición. “Tú eres un pobre ‘guanajo’ con veleidades poéticas y no te das cuenta de que son todas unas ‘lagartas’ que lo único que quieren es trancar a uno como tú para vivir de mi dinero y después enroscarte una buena cornamenta por todo lo alto. ¡Ay, si tu padre levantara la cabeza…!” No, definitivamente no debía volver a pisar por allí.

- Se lo digo -continuó el cobrador-, porque puede escachar sin querer las gafas de la señora. Usted ya me entiende...

- También te han dejado aquí -dijo sentándose a mi lado-. Yo sigo esperando una explicación.

Una mañana perdí el tren. Una mezcla de frustración y alivio me invito a sentarme en uno de aquellos bancos de cemento, ahora por fin sin inquilinos. Esperaba un milagro: que el tren diera marcha atrás, o que el siguiente tuviera un adelanto de, al menos, tres cuartos de hora. Pero nada de esto ocurrió. En su lugar escuché desde el fondo de la estación, el ritmo del Payaso del Andén. Se detuvo junto a mí, fue haciendo cada vez más imperceptible su canción, bajo los brazos y ladeo poco a poco su cabeza hasta hacer coincidir sus ojillos redondos y de mirada penetrante con los míos.
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- También te han dejado aquí -dijo sentándose a mi lado-. Yo sigo esperando una explicación.

Debía rondar los cuarenta años, a pesar de que su aspecto fuera casi el de un viejo. Sus ropas parecían buenas aunque, al igual que el rostro, mostraban entre sus pliegues el maltrato del tiempo. No siempre fue así. Hubo una época en la que su aspecto era el de todo un universitario. Paseaba su descreída languidez por calles y veredas preparándose para una actividad hacia la que se encaminaba sin fe, sólo arrastrado por el imaginario cordón umbilical del miedo a ser el causante de una nueva traición. Con toda seguridad hubiera sido un mal abogado.

Ateo y rojo, en otro tiempo sería un revolucionario pero, como toda su generación, había llegado algo tarde. Según me confesó, alguna vez llegó a desesperarle la idea de no merecer la vida, de no haber luchado lo bastante, de no haber descubierto su camino. Tal vez por eso estaba allí, aguardando una explicación, un porqué a su falso destino.

Tacto Interior

Entraron casi sin esfuerzo. Te habías imaginado que iba a ser más difícil, pero no lo fue. Una por una, en un rito mecánico, pasaron por la lengua dejando tras de sí un leve amargor que también acabe por arrastrar. Si quieres puedes parar ahora y nada habrá pasado.

De manera absurda (como casi todo lo tuyo) te viene a la memoria aquel día, tan real como el vaso que me contiene. Te sonrió. Estaba delante de ti, dándote la espalda. Tu dijiste algo (la verdad es que no lo recuerdas) y ella, como todos, se dio la vuelta, te miró y te sonrió.

Fue una linterna caída en un pozo, un trazo de tiza en el asfalto, nuevo aliento para alguien que se ahoga. Pero aquel destello terminó por apagarse cuando volvió a darte la espalda. Y tú te quedaste mudo. Con la boca abierta y el gesto idiota. En tus ojos ya había otra imagen, pero preferiste la de su pelo al moverse en ondas salvajes, libres, imposibles. La
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Inquietud

¿Cuántas balas quedarán en el cargador? Mil veces me hago la pregunta y mil veces quedo sin respuesta. El ladrido de los perros en la niebla se acerca. Uno, dos, tres disparos. Corro entre los matorrales. Caigo, vuelvo a levantarme y caigo de nuevo. Casi siento su aliento en mis piernas. Cuatro, cinco, seis. No debo seguir disparando. Maldita sea, ¿cuántas balas me quedan? Los ladridos y las voces se acercan. Ya están aquí mismo. Siete, ocho, un aullido de dolor. ¡Le he dado a uno! Nueve... no hay diez. El sonido burlón del percutor en el metal contrasta con el silencio que me rodea. Nada. Me acurruco junto a unas raíces y aprieto la pistola contra mi pecho. Nada. Abro los ojos cuanto puedo pero la niebla es demasiado densa. Nada. La sangre golpea mi cabeza, no puedo pensar con claridad. Intento levantarme a trompicones pero me detiene en seco el frío de un cañón en mi cuello.
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Colección

Dicen que recuerdas mejor la primera vez que te ocurre algo. Con el tiempo he acabado por creerlo. Aquella fue la primera vez que me ocurrió, la primera de muchas. Fue la primera vez que reparé con lascivia en las manos de otra mujer.

La situación era bastante vulgar, como casi todas las que acaban por representar algo en la vida. Ella era la madre de uno de los compañeros de clase de mi hija y ambas aguardábamos a los niños a la salida. Yo charlaba de alguna estupidez con alguien, y el mundo se detuvo. No me había dado cuenta hasta entonces de sus manos, pero el sonido de unas pulseras me despertó de esa mal llamada realidad para transportarme a un nuevo sendero que jamás había hoyado, arrastrada por la cadencia de un movimiento serpentino, por el tintineo metálico de los abalorios, por la belleza primitiva de la carne. Admiré la finura de sus dedos, la extensión de sus uñas, los pliegues de su piel. Las imaginé tomándolas entre las mías, acariciándolas, besándolas, oliéndolas; recorriéndome, rozándome, clavándose en mí.
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Desde un Sueño

¿Quién es esa figura grotesca del espejo?

Todo es indistinto, apenas puedo abrir los ojos, pero los siento a mi espalda. Oigo sus pasos, huelo su aliento. El fango se apodera de mis pies y se transforma en garras que me arrastran hacia atrás. Huyo.
No para de hablarme. Sé que miente. Dice que me quiere y llora. Era mi vida: yo me había abierto a ella, vulnerable. Ya no más.

He conseguido mirar por encima de mi hombro. Siluetas deformes, tan reales, tan fugaces. Me llaman, tiran de mí, me invaden.

¿Esto qué es? ¿Cómo puedes explicarlo? Me mira con ojos vidriosos, rotos por el llanto. No hay nada que explicar; no sabes cómo me siento; nunca lo has sabido, y ahora me acosas. Calla, no quiero oír más. Mírame a los ojos y entérate: ya tengo lo que buscaba; él me entiende y me da lo que tú siempre me has negado.
Los tengo encima. Se apoderan de mis sentidos, estiran mi mente, me controlan. No quiero hacerlo. ¡Salid de mí!
Renuncia.
Busco en la gaveta. Ruido de cubiertos que caen. El filo duro se hunde con facilidad. Me sorprende, me horroriza… me agrada.

Mis manos, ajenas, gotean sangre en el lavabo. ¿Quién es esa figura grotesca del espejo?
Enlace.

martes, 4 de febrero de 2014

Lujo

Hoy sentí deseos de usar la laptop, debido a esto navegando por Internet, buscando info acerca de Hoteles de lujo he topado con una web conocida como: vidadelujo.net la cual engloba bastante correctamente varios asuntos sobre sobre vida pero sobre todo de Lujo y de Hoteles de lujo.

Me ha agradado el hecho de que cuando se ingresa a esa página web, he visto prácticamente toda de la información que buscaba, por lo que estaré seguro de que visitaré el web de nuevo.

Aviso que cuando busquen info acerca de Hoteles de lujo empleen las muchas formas que hay para requerir info algunas de esas son, Google, yahoo.com, bing.com, usando uno de estos sitios, podrán encontrar la página www.vidadelujo.net ya que ella tiene presencia en la web.

Aparte de encontrar info acerca de Hoteles de lujo podrán encontrar bastantes datos sobre turismo y hoteles Es bueno decir que la página de Internet: http://vidadelujo.net/ es mencionada de forma constante en redes como Twitter y Linkedin, parece son muchas la gente que la conocen.

Este sitio es una página web novedosa que se lanzó en el año 2010, cuyo principal objetivo hablar en tiempo real acerca de Hoteles de lujo de 1 forma completamente sin costo. Debido a la muy buena acogida por parte de los usuarios. Esta web se convirtió en 1 de los servicios líderes en la temática en España, provocando que de esta manera se diversifique en muchas importantes categorías.